Las Guacamayas


SOCOLTENANGO: ARTE, HISTORIA Y NATURALEZA

domingo, 2 de diciembre de 2007




Ir a Socoltenango es una experiencia gratificante.

Es la típica provincia, en cuyas calles y avenidas caminar de la mano mamá, papá e hijos aún es posible.

Si se desea, la niña o el niño pueden ir retozando en las calles, o manejando la bicicleta, mientras sus progenitores arreglan el mundo o su mundo, hacen planes para el futuro o para el mismo día.

Las calles y avenidas están despejadas. De vez en cuando pasa algún automotor, a velocidad moderada, y el conductor aún tiene tiempo para levantar la mano para saludar o decir adiós.

La "Población de los Cántaros Fortificada", significado toponímico de Socoltenango, disfruta de un clima delicioso, predominantemente semicálido, con lluvias en verano, con una vegetación de selva baja en todo su derredor.

Al medio día los socoltecos no sienten ni mucho calor, ni frío, pues están ubicados a una altura de 860 metros sobre el nivel de mar.

Pero por si acaso un arroyo, aún de aguas limpias y transparentes, cruza toda la ciudad, donde el que así lo desee puede refrescarse mojando la cabeza o zambullir los pies, e inclusive jugar a las camisas mojadas.



Las calles y avenidas ya cuentan con señalización vial, con flechas rojas y negras para señalar alto y preferencia, pero ni siquiera es necesario respetar el sentido de las mismas, porque ni transitan muchos carros ni tienen agentes de vialidad; no es necesario.

Nadie parece tener prisa en Socoltenango y menos los Guillén Constantino, quienes mantienen viva la tradición musical de la familia, que ha venido de abuelos a padres, de éstos a hijos, a los nietos.

Hasta ahí llegamos a comprar unas frutas, para pasarla mejor, y la sorpresa fue encontrarnos a un pequeño niño de escasos 7 años, parado sobre una caja de plástico, para alcanzar a tocar su marimba.

Se llama Juan Fernando Guillén Constantino, hijo de María Candelaria y Fernando, sus amorosos padres. Y orgullos también, claro está, de tener a un joven artista de gran sensibilidad.

Hace 6 meses su padre aceptó compartir con él su apego por esta música folklórica, y el joven, sin duda, habrá de continuar el gusto musical que viene de su bisabuelo Isauro Guillén, quien la transmitió a Fortino Guillén Maldonado, luego éste a Fernando, éste a su vez a Juan Fernando y quién sabe quién más, en su oportunidad, habrá de continuar con esta tradición familiar de los Guillén, retransmitida por el hoy estudiante de primaria, de escasos 7 años.

Pequeño como está, Juan Fernando requiere, pues, de esa caja de plástico, en color azul, que un día sirvió para empacar leche lala y que hoy no se mueve del lugar que tiene asignado frente a la marimba, para que el joven músico pueda alcanzar a percutir las teclas de hormiguillo, cedro o ciprés con las dos baquetas que tiene en sus manos.

Él toca con sus baquetas la primera voz de la melodía, y esta vez nos regala, con su papá (quien se ubica a su izquierda para tocar al centro el acorde), aquella pieza de Don Herminisendo Paniagua denominada "Camino de San Cristóbal", que algún día los chiapanecos (y las chiapanecas más) escuchamos en aquel disco conocido como "Aires de Ixtapa Soyaló".


Después de nuestros aplausos tocan "El Sapo" y "Las Chiapanecas", para luego tomarse las fotos del recuerdo, junto a estos dos músicos socoltecos, quienes han tenido ya actuaciones en el parque central del lugar.

Obviamente al niño Juan Fernando Guillén Constantino le tocará un largo camino de aprendizajes, porque en seis meses nadie domina a plenitud un instrumento musical, y aún después de 6 años siempre hay algo que aprender o mejorar, además de que la tradición familiar implica tocar también el saxofón, el teclado, el bajo eléctrico, entre otros.

Así que ir a Socoltenango no sólo implica disfrutar el increíble "Velo de Novia", esa cascada natural de más de 70 metros de altura, ni sólo admirar la majestuosa Iglesia Dominica "Copanahuastla", allá en La Candelaria, o los vestigios arqueológicos del rancho El Molino, o "El Ojo de Agua" donde la familia completa puede darse sus chapuzones y preparar en una fogata las carnitas y acompañarlas de aguas naturales o cervezas

Es también recordar a Don Límbano Vidal Mazariegos o ver tocar al niño de 7 años de edad, Juan Fernando Guillén Constantino, cuyos padres, abuelos y bisabuelos han tocado en la Marimba Orquesta El Águila de Chiapas, precisamente de los hermanos Vidal.

1 comentarios:

Diana Pérez Aguilar dijo...

Socoltenango, un pueblo mágico

Pequeña ciudad donde se atesoran ávidamente otra riqueza, la de las amables miradas, la del color exaltado, la pasión por lo cotidiano, la de olores y sabores capaces de sublimar el espíritu, la de los campesinos oliendo a tierra mojada, la sonrisa de los niños y mujeres hermosas caminando por las calles, la de la tradición enriquecida por la vida de quienes llegan a sus calles empedradas o a sus tejas oscurecidas por el tiempo.

La inmensa riqueza cultural e historia, esto verdaderamente es sublime. Socoltenango es un icono del pasado, desde su geografía, hasta su gente y sus grandes construcciones como Copanaguastla, ciudad milenaria convertida en riqueza y encanto ancestral.

RECORRIDO EN LANCHA para llegar a LAS PALMAS (Municipio de Acapetagua) -1_2-